“El peor dolor no es el que mata, sino el que te quita las ganas de vivir”.

Anónimo

El dolor, lo conoces desde que naciste, acompañante de vida, al que más tememos, y rechazamos. Es evidente que sufrir hace daño y por eso lo evitamos, aunque sea una respuesta natural humana.

Por ejemplo en el momento de perder a un ser querido necesitamos de un periodo de luto.

Cuando se lucha contra el sufrimiento y tratamos de eliminarlo esforzándonos en no pensar y sedándolo por medio de medicamentos lo podemos llegar a transformar en una agonía de la cual podemos nunca levantarnos. El sufrimiento emocional es sumamente fuerte que se puede sentir incluso físico, es como una herida que de no ser sanada se infecta y afecta otras áreas emocionales.

Al sufrimiento no se le puede escapar, ocultar o hacer un lado, las consecuencias pueden ser funestas. La única manera de gestionar el dolor es como decía Robert Frost:

“Si quieres salir tienes que pasar en medio, tocando el fondo para emerger de nuevo”

Citado en Nardone, G. 2019. “Emozioni Intruzioni per l’uso”. Ponte alle Grazie, Italia.

Para sanar el sufrimiento, es necesario sentirlo, experimentar las emociones que surgen y los pensamientos. Una de las formas más efectivas para trabajar el dolor es lo que se conoce como “Tener una cita cotidiana de dolor” eso significa que la persona debe permitirse sumergirse en las emociones dejando que se expresen de manera natural sin ningún tipo de límite durante un tiempo determinado. Por ejemplo todas las noches durante veinte minutos pueden escribir acerca de lo que genera esas sensaciones displacenteras. A lo largo de los días de practicar ese ejercicio automáticamente disminuye las sensaciones dolorosas incluso fuera del tiempo dedicado.

El dolor debe ser escuchado, orientado y utilizado de manera que sea funcional para la persona, la reprensión de las emociones puede llevarlas a la disfuncionalidad provocando estados emocionales graves como la depresión que se debería a una gestión disfuncional de la emoción. Hacer un buen uso del dolor permite cicatrizar las heridas permitiendo que se genere una capacidad de resiliencia y así en lugar de huir se puede aprender de ella, así como sucede con las otras emociones primarias básicas del ser humano que trabajaremos en los próximos artículos.

La inteligencia emocional es precisamente un buen uso de las emociones básicas y complejas, lo cual puede ser aprendido. Si quieres trabajar en tus emociones no olvides visitar nuestra página para conocer nuestros Cursos, Webinars y talleres online.