La angustia de vivir con ataques de pánico

Un amigo constante en tu vida te ha visitado, el pánico, quien es familiar muy cercano de la ansiedad, ambos te llevaran de la mano por caminos llenos de temor, indecisiones y una desesperación que te harán sentir que así como estas perdiendo la cordura, has perdido la batalla contra ellos pues cada vez que les intentas poner una correa y controlarlos se vuelven más y más fuertes y tú en cambio te sientes cada vez más débil frente a ellos.

Imagínate que de pronto, sin ninguna plausible explicación tu mente se escapa. Tu corazón enloquece de manera descontrolada, pataleando como si fuese un caballo a toda velocidad, tu garganta se llena de aire como si fuese un río desbordado que te ahoga. Sientes como el miedo se extiende en tu cuerpo, quieres dejar de sentir esas sensaciones pero es imposible porque se encuentran dentro de ti y es imposible escapar de uno mismo. Haces esfuerzos colosales por controlar tu miedo; sin embargo es precisamente el miedo el que te controla a ti. Experimentas dolor, nauseas, mareos, falta de aire, una presión en el pecho, tu cabeza se encuentra fuera de control, y durante esos minutos viviendo una terrible pesadilla de repente se logra detener. 

Ésta problemática tan de nuestra época es tristemente minimizada por muchas personas que desconocen este padecimiento; constantemente palabras como “no es nada, sólo tienes que calmarte” hacen sentir a quién padece de ataques de pánico como inútiles para resolver un problema que en apariencia social es muy fácil de solucionar.

Esto se debe a creencias populares de que los problemas mentales no responden a la realidad, y por tanto son fáciles de superar, el miedo generalizado que puede llegar a sentir una persona y que le impide realizar tareas aparentemente simples como decidir qué trabajo tomar, qué hacer durante el día, entre muchas otras cosas; se convierten en verdaderos obstáculos que le pueden llevar horas e incluso días enfrentar, las reacciones fisiológicas que se derivan de un ataque de pánico le pueden imposibilitar para iniciar o terminar alguna actividad. Los pensamientos negativos, pesimistas hacen su entrada junto con las reacciones físicas, y en ese preciso momento la persona queda atrapada, como si tuviese una camisa de fuerza que le prohíbe cualquier movimiento y mientras tanto es torturado a placer por el miedo.

Debemos comprender que el miedo, a pesar de su mala fama, no  es necesariamente una emoción negativa, de hecho es una de las cinco emociones básicas del ser humano, es una emoción tan primitiva que se anticipa a cualquier tipo de pensamiento; porque la reacción del miedo aparece mucho antes que tú mismo te des cuenta. La mayoría de las veces existen factores que desencadenan el miedo, y como consecuencia las reacciones fisiológicas; reconocer las reacciones fisiológicas que el cuerpo tiene durante un episodio de pánico representa el 30% del tratamiento para poder trabajarlo, es parte del autonocimiento que requiere cada persona para gestionar de manera efectiva las emociones que poco a poco se van “saliendo de control”.

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