Cuando hablamos del duelo infantil, habitualmente partimos ya de una creencia errónea: mientras crecen, las personas se exponen a distintas pérdidas vitales que hay que elaborar. experimentar la pérdida de seres queridos desde una edad temprana (abuelos, bisabuelos, mascotas, padres).


Tampoco debemos olvidar que, a medida que se suceden los distintos cambios de etapa en el crecimiento, el niño ya se enfrenta a una pérdida: pierde la dependencia de sus cuidadores; el estatus de pequeño o de bebé; privilegios como que le tapen, corporales y sufre la pérdida de la imagen que tenía para dar paso a otra nueva; por el camino va cambiando de amigos o de compañías, a veces también de colegio o de etapa escolar; cambian las relaciones con sus padres o hermanos y se producen muchas otras transformaciones o pérdidas que el niño debe afrontar.
dotando a los niños y adolescentes de habilidades de afrontamiento que pondrán en
Nos encontramos ante una serie de creencias que marcan los duelos de los niños.

Tanto si en que este se desarrolla, es muy importante conocerlas para saber qué se va a encontrar el menor en muchos ámbitos y cómo podemos ayudarle.

“El niño no entiende lo que está viviendo”

 

En nuestra necesidad de protegernos de las emociones y los sentimientos de los niños, los adultos tendemos a creer que los menores no son conscientes de lo que viven, que no perciben los detalles o que no entienden lo que está sucediendo.

 

El adulto tiende a pensar que, cuanto más pequeño el niño, menos comprende los aspectos que rodean la muerte y, en caso de entenderlos, muchas personas consideran que es una comprensión relativa y que no se vive plenamente.

Desde hace mucho tiempo sabemos que esto no es así: los niños, independientemente de o presente en sus vidas, todos los niños elaboran el duelo. 

No podemos decir que no perciban o no sean conscientes de lo que ocurre.

Elmenor,porpequeñoquesea,jamásesajenoaloquesucedeasualrededor.

Siesamuerte implica un cambio, aunque éste sea mínimo, el niño atravesará un duelo. Pensar que no es consciente de ello no le ayuda, sino que perjudica su desarrollo, ya que debemos tener en afrontar esa nueva situación y va a guiarse por el adulto que le acompañe en su proceso. 

En resumen: los niños sí se enteran de lo que ocurre, lo que cambia es la forma en que

Los adultos solemos angustiarnos ante un niño que sufre. Nos sentimos muy impotentes, sin saber cómo manejar ese dolor y esa angustia que, además, suele coincidir con la nuestra, ya que va unida a esa pérdida por la que sufre el niño o el adolescente. Es habitual pensar que protegiéndoles de las situaciones dolorosas los alejamos del sufrimiento que éstas generan y, por tanto, crecerán más felices. Pero es necesario que los niños formen parte del proceso doloroso de la muerte y que no se les excluya de algo tan íntimo y familiar.
situaciones complejas. Por otro lado, al hacerlo desprotegemos al menor, porque evitamos que desarrolle las habilidades necesarias para enfrentarse a esas situaciones complicadas, dolorosas o traumáticas que la vida pondrá en su camino.
los adultos que lo rodean.

También provocamos que simulen encontrarse en un estado de bienestar casi idéntico al del adulto, para ejercer de protectores ellos también:

 “Bastante
Si alejamos a los menores de la experiencia de la muerte, con frecuencia les negamos la oportunidad de despedirse del fallecido, lo que además facilita la comprensión de la muerte y permite al niño tomar conciencia de que esa persona ha muerto y no la va a ver más.
Es preferible acompañarles en esa experiencia, facilitarles las despedidas, la expresión emocional, un escape, a tratar de alejarlos para que no vivan y sientan el dolor o tengan la posibilidad de sufrir.

Esta idea está muy extendida, muchos adultos creen que si llevan al niño a un tanatorio, doloroso, negativo o imborrable que marcará toda su vida. Normalmente estos adultos han vivido situaciones similares en su infancia, bien porque el mensaje que se les inculcó fue el de un posible trauma si veían a un muerto, o porque participaron de los ritos sin ser advertidos antes de cómo eran y lo que iban a escuchar y ver.
porque se sienten parte de la familia a todos los niveles, participan del apoyo social y, pasado y está ahí.

                                                                                              a ser la ceremonia y qué es esperable que ocurra. De ese modo reduciremos el impacto que puede generarles el hecho de encontrarse cosas nuevas que no pueden prever.

Los más pequeños necesitan explicaciones adaptadas a su edad y un adulto que los acompañe y dé respuesta a sus dudas. 

Los adolescentes pueden requerir tanto compañía como intimidad, lo que es importante es que el entorno responda a las necesidades
a lo largo de la vida.

Fuentefundacionmlc.org