Otros tipos de Duelo: Crónico, Enmascarado y Exagerado 


Duelo crónico


Es aquel que tiene una duración excesiva y nunca llega a una conclusión satisfactoria. 

Las reacciones el día del aniversario son normales durante diez años o más, pero en sí mismas no indican un duelo crónico. 

La persona que lo sufre es muy consciente de que no consigue acabarlo.

Para algunos el tratamiento requerirá que afronten el hecho de que la persona se ha ido y no volverá nunca. 

Para otros puede ser una ayuda para aclarar y afrontar los sentimientos confusos y ambivalentes hacia el fallecido. 

Algunas personas con duelo crónico pueden anhelar una relación que nunca fue pero que podría haber sido. 

Para aquellos que tenían una relación muy dependiente con el fallecido, parte de la intervención puede consistir en ayudarles a adaptarse a la ausencia del ser querido y a desarrollar sus propias habilidades. 

Los que tienen muchas necesidades de apego, la pérdida les hace sentir inseguros e incapaces de elaborarla solos. Un duelo crónico o prolongado requiere que el terapeuta y el cliente evalúen qué tareas no se han resuelto y por qué. 

La intervención se centra en la resolución de dichas tareas.

Duelo retrasado

Se llaman a veces inhibidos, suprimidos o pospuestos. 

La persona puede haber tenido una reacción emocional en el momento de la pérdida, pero no fue suficiente. En un momento del futuro la persona puede experimentar los síntomas del duelo respecto a una pérdida posterior e inmediata, pero la intensidad del duelo parece excesiva. 

La persona generalmente tiene la impresión clara de que la respuesta que experimenta es exagerada respecto a la situación.

Los sentimientos desbordantes que se tienen en el momento de la pérdida pueden hacer que la persona retrase su duelo. Esto se produce en casos de muerte por suicidio. Otro tipo de pérdidas también pueden estimular el duelo retrasado.

Las reacciones retrasadas no sólo se pueden desencadenar con una pérdida, sino que también viendo a otra persona que ha sufrido una pérdida o viendo una película, la televisión o cualquier otro acontecimiento en un medio de comunicación en el que el tema principal sea la pérdida.

Duelo exagerado

La persona que experimenta la intensificación de un duelo normal se siente desbordada y recurre a una conducta desadaptativa. Es consciente de que los síntomas y las conductas que está experimentando están relacionadas con la pérdida y busca terapia porque su experiencia es excesiva e incapacitante. 

Los duelos exagerados incluyen los trastornos psiquiátricos mayores que surgen después de una pérdida.
La depresión clínica posterior a una pérdida es un claro ejemplo. Si esos sentimientos de desesperanza se transforman en desesperación, irracional y van acompañados por otras características depresivas, pueden dar lugar a un diagnóstico de depresión clínica.

La ansiedad si se experimenta en forma de ataques de pánico o de conductas fóbicas, yo la incluiría en el duelo exagerado.

El abuso de alcohol u otras sustancias, producido o exacerbado por una muerte, se incluiría aquí, en el duelo exagerado.
Hay algunos que sufren una pérdida, normalmente de naturaleza catastrófica, que desarrollan signos y síntomas del trastorno de estrés postraumático (TEP). 

Este trastorno se incluye en el duelo exagerado.

La manía después de una pérdida se puede producir en personas con una historia de trastornos afectivos. Si ocurre esto, se debería considerar la posibilidad de que se trate de una forma de duelo complicado.

Duelo enmascarado

Las reacciones de duelo enmascarado son interesantes en aquellos pacientes que experimentan síntomas y conductas que les causan dificultades pero no se dan cuenta ni reconocen que están relacionados con la pérdida. Desarrollan síntomas no afectivos o síntomas que se ven como los equivalentes afectivos del duelo.

Aparece de una de las dos maneras siguientes: enmascarado como síntoma físico o a través de algún tipo de conducta aberrante o desadaptativa. 

Las personas que no se permiten a sí mismas experimentar el duelo directamente pueden desarrollar síntomas médicos similares a los que exhibía el fallecido o algún otro tipo de queja psicosomática. Por ejemplo, el dolor puede ser un símbolo de duelo reprimido, al igual que los trastornos somatoformes.

Los síntomas físicos puede que no sean la única manifestación del duelo reprimido, también se pueden enmascarar como un síntoma psiquiátrico, como una depresión inexplicable, hiperactividad u otra conducta desadaptativa.

 Algunos estudios sugieren que la conducta delincuente se puede ver como una adaptación equivalente en el caso de un duelo enmascarado.

Fuente:

APRENDER DE LA PÉRDIDA. Una guía para afrontar el duelo.
Robert A. Neimeyer.

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