Cosas que no deben hacer
Obligar a la persona que ha sufrido la pérdida a asumir un papel, diciendo: “lo estás haciendo muy bien”. 

Debemos dejar que la persona tenga sentimientos perturbadores sin tener la sensación de que nos está defraudando

 

Decirle a la persona que ha sufrido la pérdida que “tiene” que hacer. En el mejor de los casos, esto refuerza la sensación de incapacidad de la persona y, en el peor, nuestro consejo puede ser “contraproducente”

 

Decir “llámame si necesitas algo”. Este tipo de ofrecimientos suele declinarse y la persona que ha sufrido la pérdida capta la idea de que nuestro deseo implícito es que no se ponga en contacto con nosotros.

 

Sugerir que el tiempo cura todas las heridas. Las heridas de la pérdida no se curan nunca por completo y el trabajo del duelo es más activo de lo que sugiere esta frase.

 

Hacer que sean otros quienes presten la ayuda.
Nuestra presencia y preocupación personal es lo que marca la diferencia.

 

Decir : ”sé cómo te sientes”. Cada persona experimenta su dolor de una manera única, por lo que lo mejor que podemos hacer es invitar al afectado a compartir sus sentimientos, en lugar de dar por supuesto que los conocemos.

 

Utilizar frases hechas de consuelo, como: “hay otros peces en el mar” o “los caminos del Señor son insondables”

Esto sólo convence a la persona de que nos preocupemos lo suficiente por entenderla.

 
Intentar que la persona se dé prisa en superar su dolor animándola a ocupar su tiempo, a regalar las posesiones del difunto, etc. 

El trabajo del duelo requiere tiempo y paciencia y no puede hacerse en un plazo de tiempo fijo.