Hoy en día el uso de antidepresivos se ha generalizado y no sólo los psiquiatras lo medican sino que muchos pacientes llegan a los consultorios en su busca. Un remedio fácil para atacar la depresión? Es necesario estar medicado para ser feliz? Muchas preguntas surgen frente a este tema pero la más importante no es respondida. 


¿Qué es un antidepresivo?

Un antidepresivo es un medicamento psicotrópico utilizado para tratar los trastornos depresivos mayores, que pueden aparecer en forma de uno o más episodios a lo largo de la vida, diversos trastornos de ansiedad, ciertos desórdenes de la conducta alimentaria y alteraciones del control de los impulsos.

Los antidepresivos se dividen en tres clases: los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), los tricíclicos, y los de segunda generación, muy recetados actualmente en psiquiatría por la menor cantidad y probabilidad de sufrir efectos secundarios, que actúan sobre la recaptación de los tres principales neurotransmisores que intervienen en la depresión, es decir, la serotonina, la noradrenalina (o norepinefrina) y la dopamina, o de dos de ellos. 

En palabras simples necesitamos de ciertas reacciones neuronales para sentirnos felices, cuando estamos deprimidos hay una modificación en su recaptacion y los antidepresivos ayudan a que eso suceda.


¿Qué debo saber de los antidepresivos? 

Primero que es un medicamento controlado lo que significa que necesito un médico para que me la recete.

Segundo que cuando se empiezan a tomar las medidas deben ser rígidas en sus horarios y no pueden “brincarse” las horas. Porque eso produce una alteración.

Tercero que ninguna persona que no sea psiquiatra o neuropsicólogo o neurólogo puede medicarles o debe medicarles. Porque requiere un análisis especializado la medicación no es un juego.

Quizás lo más importante de saber es que desde el 2000 la Asociación Psiquiátrica Norteamericana con respecto al tema del tratamiento de pacientes con trastorno depresivo aconsejan que cuando no se obtenga respuesta con un antidepresivo después de seis a ocho semanas de tratamiento, se debe cambiar a otro, primero de la misma clase, y luego de una clase diferente.

Logicamete evaluado por el médico, pero es clave entender que en muchos casos la toma debe estar encaminada a dejar el medicamento en algún momento.