Cuando te sientas dolorido, mira de nuevo tu corazón y deberías ver que estás llorando por lo que ha sido tu gran disfrute.

Kahlil Gibran


Quizás lo que perece obvio se vuelve una mentira o se olvida cuando el dolor de la ausencia hace su aparición en la realidad de quién pierde un ser amado, todo se convierte en un lugar oscuro sin luz las cosas positivas de la experiencia se convierten en fuente de dolor y sufrimiento, empezamos a vivir en el ayer y nos olvidamos del ahora. 

Porque el ahora tiene una marcada diferencia, esa persona ya no está se fue y por más que hagamos un mejor intento para tratar de cambiar la realidad eso es imposible, entonces el dolor se alimenta de los recuerdos los convierte en algo horrendo de lo que se quiere y se tiene que huir. La persona vive una lucha interna porque trata de mantener los recuerdos porque son lo único que queda, o al menos eso es lo que el dolorido piensa y al mismo tiempo quiere desaparecerlos porque cada momento que estos llegan martirizan el alma con el dolor de la realidad. 

Sumido en esa ambivalencia la persona no sabe qué hacer, si recordar u olvidar. Si recuerda la persona sigue estando viva es una manera de trascender a través de lo que su vida ha dejado en el camino, las sonrisas, los momentos agradables son fuente de dolor. Pero el dolor es tan fuerte, profundo que prefiere , en algunos casos sacrificar los recuerdos y la memoria de la persona fallecida a cambio de dejar de sentir el dolor.

Como habrás notado el conflicto es tan grande que parece un laberinto sin salida, sacado de una película de terror porque cuando consideras que ya has encontrado la salida te encuentras con un muro de frente, el muro es precisamente la incapacidad de trascender el dolor y convertirte en una persona funcional que ha aceptado el duelo. En el artículo anterior Gracias por los recuerdos precisamente el objetivo es comprender que no es necesario sacrificarlos, ya que son en extremo valiosos y que con el proceso del duelo se logrará llegar a un punto en la vida que permita vivir sin dolor, en el que los recuerdos positivos que te han permitido amar a otra persona sean el tesoro más valioso que ha quedado después de la pérdida. Por eso la frase es mucho más alentadora y sabia de lo que podemos imaginar, si nos esforzamos por quitar el dolor a través de un trabajo emocional se quedaran los recuerdos intactos que tanto gozaste y que tanto volverás a gozar de nuevo, desapareciendo el dolor que quedaba en un inicio.