Uno de los problemas más grandes en la vida es que las personas queremos controlar el flujo de las situaciones, cómo nos sentimos y lo que queremos.

Lo hacemos porque nos da la sensación de seguridad, aprendemos desde muy pequeños que si planeamos, controlamodby nos apegamos a las situaciones, personas o cosas podremos ser felices. Como resultado si algo sale mal, no lo hemos hecho bien.

Por eso nos aferramos hasta con el alma a controlar nuestras acciones, pensamientos e incluso hacemos constantemente tratos para que las cosas se den; es decir, negociamos con nuestras creencias sobre el funcionamiento religioso o espiritual para que nuestros resultados salgan conforme al plan. 


Negociamos constantemente con nuestras creencias religiosas para un fin; por ejemplo, 

“Pídele a Dios para que te vaya bien”. 

“Decreta que tendrás éxito y veras que sucede.”

Por eso sentimos frustración y enojo cuando nos sale mal, aunque cabe mencionar que estás emociones van hacia nosotros mismos generalmente. 

Esto es totalmente lo opuesto de fluir o desapegarse, es aferrarse emocionalmente no a las personas ni las situaciones sino al control.

Solamente dejando la mentira del control podremos aprender a fluir. Tenemos que aprender a diferenciar entre el autocontrol sano y la obsesión del control.

Con inteligencia emocional y manejo de emociones; así como, alimentación del desapego. Podremos aprender a fluir y aceptar que existen cosas que podemos manejar y otras que no podemos aunque queramos.

Pero también vamos a tener oportunidad de aprender el significado de cada una de estas palabras. 

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