El duelo no pesa tanto como la culpa, pero se lleva más de ti

Veronica Roth



El duelo pesa, lastima, impide que nos sintamos bien ;es un eterno recordatorio que hemos perdido algo valioso que en ningún momento lo volveremos a recuperar.

Cuesta trabajo levantarte cada día, los recuerdos felices se convierten en pesadillas dolorosas de las que no quieres escapar, la voluntad se escapa por la ventana y no regresa, la felicidad se convierte en una lejana idea que un día creíste fuese verdad.

El duelo se chupa tus emociones, tu escencia, tu vida. Pero hay algo que se convierte en una constante aún peor que el duelo y que la ausencia es la idea continua e insesante que te lastima como un juez malvado que te ha declarado la guerra y te ha dado una sentencia: la culpa.

Al inicio llega sigilosa, casi imperceptible, no la notas; pero ahí está observando esperando pacientemente, el momento de atacar y convertiré en su presa. Para cuando se acerca no tienes remedio te ha cazado y herido mortalmente, ya no te puedes mover y ahora se deleita haciéndote sufrir, no te mata solo mantiene hiriéndote por momentos y después te deja creer que ya estás libre para volver a lastimarte. Ese juego perverso se convierte en su juego preferido y tú eres la presa.

La culpa llega y no se va, te atrapa de manera que cada cosa que hagas, digas, pienses y recuerdes sea usada para lastimarte y generarte una herida mortal. Ya no requiere ni siquiera tanto esfuerzo ahora le basta con hacer lo mínimo , incluso se ha convertido en una aliada casi una amiga, una terrible amiga. 

La culpa no necesita tener razones, las inventa y utiliza cualquier tipo de artimaña para atraparte en sus redes, ha convertido hasta lo más simple y cotidiano de tu pasado con un recordatorio doloroso.

Ese momento simple en el que por alguna razón estabas sentado a un lado de tu ser querido y por solo un minuto no le prestaste, ayuda, cariño o atención; la culpa viene y te la trae en una forma de recuerdo persistente de lo que no hiciste. Te recuerda un minuto que no has hecho y te castiga con él. Pero no permite que recuerdes los meses, días, horas y años que si lo hiciste, quiere que te olvides porque es como el más sádico de los asesinos, quiere verte sufrir no morir y goza cada instante.

La culpa es tu enemiga y juega con tu mente, utiliza tus memorias y tus recuerdos, y no sólo eso cuando estás en el momento más feliz aparece como un látigo para volver a atraparte en ese eterno castigo, la culpa es tu mayor enemigo pero lo invitas a tu casa lo sientas en tu sillón y le ofreces un café.

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