La historia que hoy vamos a se ha empezado a hacer cada vez más popular por lo que quizás ya la has leído en otros lugares, por eso no la agrego en el inicio de la reflexión. Pero si quieres leerla de nuevo o conocerla se encuentra en el final de este artículo.


Como manera de resumir la historia podemos decir que trata de una persona que ha perdido sus ganas de vivir, sentía que estaba frente a problemas que se presentaban una y otra vez. Se sentía cansado de esto, por lo que su padre le pidió que trajera unas cosas de la hortaliza al llegar, lleno tres recipientes con agua y las puso al fuego, colocando en cada uno de ellos: una zanahoria, un huevo y un grano de café. Como consecuencia al calentarse, la zanahoria se puso blanda, el huevo duro y el café mantuvo su forma desprendiendo un agradable aroma.

Cuando nos enfrentamos a situaciones en nuestra vida, muchas veces sentimos que estos nos sobrepasan, que no podemos más y nuestro ánimo disminuye , en pocas palabras creemos que no vamos a poder salir adelante. Pero todos tenemos la capacidad de lograr que dichas circunstancias no cambien nuestra esencia.

En el primer caso la zanahoria frente al agua cambio toda su esencia permitiendo que la destruyera. Todo lo que era cambio en cuanto la adversidad fue presentada, aunque contenía algunos de sus elementos ya no podía volver a convertirse en lo que era, ese cambio era para siempre.

El huevo en cambio cuando se presentó la nueva situación cambio su consistencia convirtiéndose en algo duro, al igual que la zanahoria no tiene la posibilidad de dar un paso atrás. Por último nos encontramos con el café quien fue expuesto a las mismas condiciones, en cambio a pesar de estos, no sufrió una modificación. Antes y después fue el mismo, incluso ahora expedía un aroma distinto pero mejor. De qué trata precisamente la narración?

Creo que al final has llegado a comprenderlo por ti mismo, las situaciones de la vida diaria nos exponen a intensidades de emociones sumamente altas. La vida está llena de cosas muy positivas pero también sufrimos y creo que negarlo no sufre de nada. Considerar que siempre tenemos que estar bien a pesar de los problemas no nos ayuda, de hecho nos hace sentir más solos. Acaso es de eso que nos habla está historia ,de ser siempre felices a pesar de los problemas?

La respuesta es tajante NO, debemos entender que las cosas negativas existen y que tengo el derecho de enojarme, estar triste y reponerme. Porque debería estar feliz si me han dado un diagnóstico de Cáncer, o porque algún familiar a fallecido, porque tengo que estar contento de que me han corrido del empleo y no tendré dinero para mantener a mi familia: este positivismo no sirve es un inútil positivismo. La vida está llena de cosas buenas y malas y tenemos que enfrentarlas todas, aceptémoslo de una vez. Pero lo que si podemos hacer es que nuestra esencia no cambie, a pesar de éstas que al final del problema vuelva a ser la misma persona con las mismas cualidades e incluso mejoradas.

Esa es la enseñanza, la vida te va a querer derribar y muchas veces lo logrará pero debes ser como el grano de café que apesar de todo eso no cambia y mejora.

Escrito por: Psi Sandra Buenfil
Historia completa:

“Érase una vez la hija de un viejo hortelano que se quejaba constantemente sobre su vida y sobre lo difícil que le resultaba ir avanzando. Estaba cansada de luchar y no tenía ganas de nada; cuando un problema se solucionaba otro nuevo aparecía y eso le hacía resignarse y sentirse vencida.

El hortelano le pidió a su hija que se acercara a la cocina de su cabaña y que tomara asiento. Después, llenó tres recipientes con agua y los colocó sobre fuego. Cuando el agua comenzó a hervír colocó en un recipiente una zanahoria, en otro un huevo y en el último vertió unos granos de café. Los dejó hervir sin decir palabra mientras su hija esperaba impacientemente sin comprender qué era lo que su padre hacía. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café.

Miró a su hija y le dijo: “¿Qué ves?”. “Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Le quitó la cáscara y observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su dulce aroma. Humildemente la hija preguntó: “¿Qué significa esto, papá?”

Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo. Pero habían reaccionado en forma muy diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. El café sin embargo era único; después de estar en agua hirviendo, había cambiado el agua.

“¿Cual eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿Cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido, te has vuelto dura y rígida? Por fuera eres igual pero, ¿cómo te has transformado por dentro?

¿O eres como el café? El café cambia el agua, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

Y tú, ¿Cuál de los tres eres?”